Bugatti EB 16.4 Veyron

Bugatti EB 16.4 Veyron
Bugatti EB 16.4 Veyron
Este vehículo es una excentricidad absoluta. Su precio ronda los 800.000 euros y se fabricaron muy pocos ejemplares. Es uno de los autos más rápidos del mundo. Solo el Koenigsegg logró superar su récord de velocidad, homologado, claro está. Estéticamente se destaca por tener un diseño muy singular, que gracias a sus líneas bien definidas aunque muy poco fluidas, permite que la carrocería esté pintada en dos colores. Los colores están separados justo sobre líneas delimitantes de paneles del vehículo.

El alerón trasero desentona un poco, mostrando nuevamente una constante discontinuidad en las líneas del Veyron. Las llantas aportan elegancia en un marco deportivo. Quizás uno de los rasgos más elegantes del exterior sea la grilla frontal, delineada por un fino marco cromado. Las toberas de ingreso de aire ubicadas en el techo, para refrigeración del motor, son otros de los elementos que vulgarizan un tanto la imagen del elitista Bugatti.

El Bugatti EB 16.4 Veyron posee un motor turboalimentado de 16 cilindros ubicados en W. Sus 1.001 hp le permiten acelerar de 0 a 100 km/h en apenas 2,9 segundos; mientras que su velocidad máxima supera los 400 km/h cuando se desactiva el limitador electrónico.

Especificaciones técnicas

El impulsor del Veyron es un W16 que surge de la unión de dos motores V8. Gracias a sus turbos y a sus 7.993 cm3 de cilindrada, este bólido eroga 1.001 caballos de potencia y tiene un imbatible torque de 922 libras pie a 5.500 rpm, equivalente a 127 kilográmetros.

Bugatti EB 16.4 Veyron
Bugatti EB 16.4 Veyron

Prestaciones

  • Aceleración de 0 a 100 km/h en 2,9 segundos
  • Aceleración de 0 a 300 km/h en 14 segundos
  • Velocidad máxima: 351 km/h (autolimitada)
  • Velocidad máxima sin limitador: 405 km/h

Dimensiones

  • Largo: 4.465 mm
  • Ancho: 1.998 mm
  • Altura: 1.206 mm
  • Peso: 1.860 kilogramos

© Adrián Blanco 2005 – Prohibida la reproducción total o parcial de texto y/o imágenes sin consentimiento explícito por escrito del autor.


por Adrian Blanco